jueves, 9 de junio de 2011

AMAPOLAS




















 Puesta de sol sobre las amapolas, por Aras de Olmos, en buena compañía.

5 comentarios:

  1. Impresionante ese campo de amapolas.
    Saludos

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  2. Tengo yo una foto parecida a estas , pero ni por asomo llega a tener la calidad de las tuyas. Me gustan.
    Saludos.

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  3. FLORES ROBADAS
    Hoy es uno de esos días apacibles, sosegados, en los que no me importaría morir.
    He alcanzado un cúmulo de paz interior y el pleno equilibrio exterior. Lejos del hastío, lejos del ansia, casi agradecería el fin de mi críptica existencia, tan ausente de la realidad como sepulcral.
    No es que haya vivido demasiado o demasiado intensamente, es el placer de dejarme periclitar, impasible aunque las horas goteen.
    Para salir de esta atonía vital, robé unas flores para ti.
    Podría haberlas comprado tranquilamente, y de paso perderme navegando en los ojos de la joven florista; admirar de nuevo la destreza de sus dedos ornando los ramos. Pero el mar de sus iris me hace sentir reseco, es en tus ojos en los que quiero abandonarme, son tus manos las que quiero sobre mi cara, cercana desconocida, ignota y cotidiana a la vez.
    Robar las flores me emocionó. La sensación de peligro que produce hacer algo prohibido, alejó momentáneamente mis ideas de sucumbir a la desidia definitiva.
    ¿Por qué flores?
    Porque sé que te gustan.
    Hace mucho que te espío, hace mucho que observo tus idas y venidas. Te veo cuidar las flores en tu balcón, hablarles incluso.
    Robé las flores. Ahora son mías. Mías para ti.
    Me atreví a robarlas, pero la cuestión es si me atreveré a entregártelas. Nunca hemos hablado. No me conoces, no sabes que existo. Yo te miro y te sigo; tú vives ajena a mí. Creo que no, que no me atreveré. Como tampoco leerás nunca este simulacro de carta, escrita sobre unas viejas cuartillas que ya amarillean, asimismo robadas. Huelen a moho tanto como yo a soledad.
    Pero no será por cobardía (que también), si no por miedo a tu reacción. Y no es que me dé miedo no gustarte, me da miedo lo contrario: que por alguna inexplicable razón que no acierto a imaginar, encuentres algo en mí que te agrade, que yo te resulte simpático, y a partir de ese momento pasemos a saludarnos, a reír cómplices, quien sabe si a pasear juntos.
    Mi profundo temor tiene su origen en la relación que entablaríamos, en los compromisos, en las emociones que se desatarían.
    Me vería abocado a asomarme a los abismos de la compañía, de la felicidad, de la incertidumbre. Y tendría que contemplar subyugado el más negro de todos los abismos: el del amor. Por encima de cualquier otra cosa, temo amarte, siendo como es lo que más deseo en este mundo. Temo ponerme enfermo de amor. Qué cobarde soy…
    Hago una pausa en este escrito, porque intuyo que pasas bajo mi ventana. Me asomo y así es. Te veo cruzar la calle, con ese andar tuyo tan característico.
    Cuando desapareces detrás de una esquina, me vuelvo y observo las flores que robé para ti; permanecen silenciosas en un rincón. Se están empezando a marchitar…

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